En qué innovar en Latinoamérica

Columna de Eduardo Albalá aparecida inicialmente en www.innovacion.cl.

De forma frecuente, tengo la suerte de compartir talleres de innovación en diferentes países de América Latina, tanto para directivos de multinacionales, como para empresarios de Pymes y sobre todo, para emprendedores. Todas estas personas son las que impulsan la innovación empresarial en nuestros países y por lo general, pertenecen a un segmento social, cultural y económico similar. Los hombres y mujeres que crean o desarrollan empresas en Chile, México, Panamá o Perú, suelen estar bien preparados académicamente y cuentan con algo de financiamiento personal, o cuando menos, no tienen una necesidad apremiante de destinar toda su renta a subsistir. La gran mayoría de estas personas, por su nivel de ingresos personal o familiar, pertenecerían a lo que en Europa o Estados Unidos corresponde a la clase media o media-alta. En estos países, dicho segmento cubre prácticamente el 80% de la población, sin embargo, en Latinoamérica estas personas están dentro del 20% o 30% de la población con ingresos más altos.

Otra cosa fácil de observar entre los emprendedores, es que suelen abrir los negocios que a ellos mismos les gustarían como usuarios. Crean los productos y servicios que cada uno de ellos necesita o que les gustaría consumir. En las últimas semanas he conocido muchos emprendedores, entre ellos a los impulsores de un espacio de coworking de Chile que han creado un muy buen sistema de software para el control de centros de negocio similares al suyo, a una chica panameña aficionada a la moda vintage que ha inaugurado una tienda de este tipo de ropa en el casco histórico de la ciudad del canal, a una familia de Uruguay que ha abierto una ludoteca en su ciudad para niños como los suyos, o una tienda online de regalos en la Ciudad de México. Todos tienen en común que hacen negocios pensados para gente como ellos, es lo normal, es el público objetivo que mejor conocen, del que tienen más información y al que les resulta más fácil llegar para promocionar su oferta.

Al unir las dos observaciones descritas, el resultado es que los emprendedores suelen ser gente de los estratos sociales más altos de la población, que hacen negocios para la gente como ellos. Dicho de otra forma, en Latinoamérica como conjunto, la mayoría de las innovaciones y emprendimientos se dirigen sólo a una pequeña parte de la población, dejando al resto fuera.

Además, los negocios de América Latina que se dirigen hacia los grupos de población de clase media-alta, tienen que competir con empresas muy evolucionadas, que se enfocan en este mismo segmento de clientes pero en otras partes del mundo. En Europa y Estados Unidos, los mercados de la clase media abarcan un porcentaje de población mucho mayor a aquella que tiene un comportamiento de consumo equiparable en Latinoamérica. El hecho de que haya un grupo de consumo tan grande al que enfocarse, ha dado lugar a mercados muy evolucionados y maduros, con compañías enormes apoyadas en soluciones muy eficientes, que tienden a ocupar todos los eslabones de la cadena productiva (diseño, producción, comercialización directa). Estamos hablando de multinacionales como Zara en textil o Ikea en muebles, que han crecido hasta convertirse en líderes mundiales en pocos años. Hasta cierto punto, es natural, que las mayores innovaciones para la clase media se produzcan en aquellas zonas del mundo con cientos de millones de personas en ese estrato social (la mayoría de las grandes empresas de bienes de consumo provienen de Europa, Estados Unidos o Japón).

En América Latina queda una gran parte de la población (la de bajos recursos) de la que salen pocos emprendedores dinámicos (por las dificultades de financiamiento, problemas de educación y capacitación) y en el que tampoco suelen pensar los innovadores, ni los locales, ni los extranjeros (la verdad es que ni Zara, ni Ikeaproducen pensando en ese grupo de población).

Aunque sea un grupo de menor ingreso, la parte de la población con menores ingresos es un mercado muy interesante (por su ingente tamaño) y a la vez muy desconocido por parte de la mayoría de empresas y emprendedores. Buena parte de la población de rentas altas de la región latinoamericana ignoran casi por completo cómo es el día a día de las personas que habitan las áreas urbanas más deprimidas o las zonas rurales menos desarrolladas. No sabemos cuál es su patrón de consumo, sus parámetros de decisión de compra, la oferta comercial disponible y otros muchos datos que ayudan a generar un planteamiento de negocio o a desarrollar soluciones innovadoras.

Hay mucha gente pensando en negocios para los segmentos más prósperos de la población y muy poca pensando en los segmentos a los que todavía pertenece la mayoría de la gente.

En este contexto surge la Frugal Innovation o innovación frugal, que es la innovación que no busca el óptimo global, sino el óptimo bajo restricciones. Estas restricciones pueden ser causadas por la falta de recursos, de acceso a comunicaciones, redes eléctricas, redes de comercialización, infraestructuras, etc. Es bajo esta visión que la división de General Electric en la India logró desarrollar una máquina de electrocardiograma que reduce el costo de paciente a menos de 10 rupias (algo así como 20 centavos de dólar americano), que gracias a sus baterías permite operar hasta un mes en un poblado sin electricidad y que, además, se vende a los médicos por unos 500 dólares y con financiamiento a tres años. Es en la India donde surgen la mayoría de ejemplos de frugal innovation, desde vehículos, a computadoras o teléfonos celulares. También en América Latina empezamos a encontrar algunos ejemplos que siguen esta filosofía, como las cooperativas que proveen de suelos a las viviendas más modestas en Colombia o la utilización de botellas de plástico colgadas en el techo, para iluminar con luz solar las estancias interiores de las viviendas más humildes y que, tras surgir en Brasil, ya se está adoptando como solución en varias partes del mundo.

Sólo hace falta levantar la mirada para ver múltiples oportunidades para aplicar la filosofía de la frugal innovation en América Latina. Las salas de cine, por ejemplo, se ha innovado mucho en salas de cine “para ricos” y sin embargo están cerrando la gran parte de las que se encuentran en barrios o pueblos con mayoría de población de recursos bajos.

Innovar y crear nuevos negocios dirigidos a la base de la pirámide no es sólo un ejercicio social (por la inclusión que supone de cierta parte de la población) es también una gran oportunidad de negocio. La clave está en fijar el foco creativo en esa base de la pirámide, saber más sobre el comportamiento y motivaciones de estas personas, y finalmente rediseñar los productos y procesos, dejando a un lado los costos innecesarios para centrarse en las cuestiones que realmente aportan valor.

Hay que innovar en todo y para todos.

Eduardo Albalá Ubiergo

Director de Barrabés América

Para más información sobre nuestros cursos, programas y actividades de innovación innovacion@barrabes.biz

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¿Se puede aprender a ser innovador?

Columna de Eduardo Albalá, aparecida inicialmente en www.innovacion.cl, donde señala que hay personas con una capacidad innata para detectar oportunidades pero agrega que esto también se puede entrenar.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a un encuentro con Ferran Adrià, sin duda el chef más influyente en la cocina de vanguardia y uno de los mayores innovadores de los últimos tiempos. Ante la pregunta de si se puede aprender a ser innovador, o bien es algo innato, Adrià lo tuvo claro: “he visto a mucha gente normal creando cosas extraordinarias”. Para el cocinero “ser innovador no es una cualidad, es una actitud”.

Hay que ser muy conscientes de que ser innovador es querer cambiar, querer salir de la llamada zona de confort. Ser innovador conlleva muchos costos (ya sean personales o empresariales), en especial los relacionados con el tiempo y recursos invertidos, así como con las posibilidades de fracasar en el intento (mayores cuanto más disruptiva es la innovación). Ya lo decía Woody Allen: “Si no estás fracasando una y otra vez, es que no estás haciendo cosas muy innovadoras“.

Innovar de verdad, en especial en algunos ambientes, no es nada fácil. En una empresa, ser innovador puede resultar poco eficiente a corto plazo, y eso no suele ser muy popular.

Si hemos logrado la difícil tarea de hacer que una persona (o una empresa) tenga una actitud realmente innovadora, podremos seguir con los siguientes pasos para conseguir enseñar a ser innovador. Para ello, deberíamos definir qué es innovar y cómo se innova. Dentro de las múltiples definiciones existentes, podríamos partir de que “innovar es aplicar exitosamente la creatividad“, con lo que ya tenemos dos conceptos importantes: creatividad y aplicación.

Entre las formas de describir la creatividad, me gusta especialmente “es unir dos (o más) conceptos que no estaban previamente ligados”. Pondré un ejemplo algo exótico pero que espero se entienda: un mono intenta alcanzar una banana colgada de una soga y para ello une varias cajas formando una escalera. El simio está siendo creativo. En realidad, bastaría con que el mono imaginara las cajas formando una escalera para que lo consideráramos creativo, si además consigue el fruto (aplicación con éxito) está siendo innovador.

Siguiendo con el ejemplo, para detonar la creatividad que lleve a la  innovación, el primer paso será ver la banana colgada. Esto parece evidente pero muchas de las innovaciones más destacadas radican, precisamente, en haber detectado una necesidad específica no cubierta (en ser el primero en ver la banana). Esa capacidad de detección será clave. ¿Esto se puede enseñar? Está claro que hay personas con una capacidad innata para detectar oportunidades pero, al menos es mi opinión, también se puede entrenar. Observar y comparar diferentes mercados, industrias, países, y aprender a observar el día a día abstrayéndonos de la rutina, serán buenos ejercicios para entrenar esta capacidad.

Además de ver la banana, el mono tiene que identificar las cajas y unirlas mentalmente para imaginarlas todas apiladas. No todas las soluciones son tan obvias como la de los cajones y la banana, así que si queremos ser creativos tendremos que ejercitar también la capacidad de relacionar ideas e informaciones y crear nuevos conceptos. Bajo mi punto de vista, esto es algo que también se puede entrenar.

En este punto hay que señalar que este proceso (encuentro problema, imagino solución) no siempre es lineal, a veces es iterativo, de forma que la mezcla de informaciones e ideas también llevan a detectar nuevas oportunidades. En cualquier caso, ambas cualidades (detección de oportunidades y generación de posibles soluciones) son necesarias.

Para llegar a alcanzar la banana, es muy probable que el mono tenga que colocar las cajas varias veces y probar, experimentar. Es famoso el ejemplo de que la invención de la bombilla por parte de Thomas Alva Edison. Por aquella época era conocido el hecho, casi como curiosidad científica, de que ciertos materiales pasaban a un estado incandescente al serles aplicada corrientes eléctrica en el vacío. Edison vio claro que si se lograba sostener el fenómeno durante un tiempo suficiente y a un costo razonable, podría convertirse en una alternativa interesante a las existentes lámparas de gas. Edison asumió el reto desde su laboratorio, y probó con filamentos de todo tipo de materiales (traídos incluso de todas partes del mundo) y el 21 de octubre de 1879 logro superar las cuarenta horas de funcionamiento ininterrumpido con una bombilla con filamento de bambú carbonizado. Hasta lograrlo tuvo que probar con más de 2000 combinaciones. La planificación, la perseverancia, el método de experimentación y la capacidad para detectar las soluciones correctas, son cuestiones que habrá que entrenar para lograr ser más innovadores.

Finalmente, en la innovación empresarial también hay que tener en cuenta otros aspectos relacionados con la puesta en práctica, como coordinarse con otras personas, lograr involucrar a socios, encontrar financiamiento, vender las ideas en el mercado o el vencer la resistencia al cambio de los trabajadores de la empresa. Todas estas son habilidades que también serán necesarias para ser realmente innovador (exitoso a partir de la aplicación de las ideas creativas).

A todo esto, quizá habría que añadir que ser innovador requiere también de obtener información de los demás, recibir consejos, aprender de las críticas y pese a todo, mantener la libertad creativa.

En definitiva, ser innovador es reunir un conjunto de habilidades, desde estar abiertos al mundo, hasta la puesta en práctica de los cambios, pasando por la imaginación y la creatividad. En la medida en que una persona quiera realmente ser innovadora y podamos potenciar estas habilidades en ella, podremos enseñar (o aprender) a ser innovador.

Un par de referencias adicionales. Primero es casi obligado mencionar el libro The Innovator’s DNA, donde Jeff Dyer, Hal Gergersen y Clayton M. Christensen analizan las 5 cualidades clave de los innovadores: asociar, preguntar, observar, experimentar y descubrir. Como segunda referencia, la revisión que Calos Barrabés hace de estos conceptos para aplicarlo en las empresas, con lo que denomina las cuatro palancas de la innovación: visión global (el equivalente en la empresa a la capacidad de detectar oportunidades), talento (para poder desarrollar ideas), tecnología (para poderlas poner en prácticas) y diseño (para hacer la oferta atractiva).

Eduardo Albalá Ubiergo

Director de Barrabés América

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Cinco tipos de pensamiento y porqué el brainstorming no funciona

Columna de Eduardo Albalá aparecida inicialmente en www.innovacion.cl donde se analizan las características del proceso creativo y la validez de la técnica “lluvia de ideas”.

En el intento de comprender la innovación y la creatividad, analizar cómo funcionan el cerebro puede ser un buen acercamiento. No soy especialista en psiquiatría ni psicología pero bajo mi punto de vista, podemos distinguir al menos cinco formas de pensar:

– Pensamiento evocador. Es aquel que trae a la mente imágenes del pasado. Por medio de este tipo de pensamiento recordamos cosas, personas o situaciones vividas. La mayoría de las veces esta evocación viene acompañada de los sentimientos de alegría, nostalgia, aprecio o rechazo que generan dichos recuerdos pero en la medida en la que podamos rescatar detalles  extrapolables a otras situaciones, la evocación será una buena base para el pensamiento creativo.

– Pensamiento de deseo. Es similar al pensamiento evocador, sólo que en lugar de revivir experiencias pasadas, construye imágenes que nos gustaría conseguir en el futuro. Puede partir tanto del pensamiento evocador (me gustaría volver de vacaciones a la playa donde estuve) como de percepciones actuales de los sentidos (tengo que comprarme un reloj como ése). Este tipo de pensamiento es muy importante para desatar la motivación.

– Pensamiento obsesivo. Se refiere a las situaciones en las que tenemos un problema y damos vueltas en torno a dicha cuestión pero sin avanzar hacia ninguna solución. Es un tipo de pensamiento muy poco productivo pero en el que solemos caer cuando una situación nos preocupa y no vemos claramente la forma de resolverla.

– Pensamiento libre. Es el tipo de pensamiento en el que mejor se mueve la imaginación. Se produce especialmente cuando “no estamos utilizando el cerebro”. En los procesos de pensamiento libre, las imágenes pasan sin demasiado orden por nuestra cabeza, se salta entre conceptos a otros de forma rápida, unas sinapsis neuronales llevan a otras y, esto hace posible que varias de esas informaciones se conecten formando una nueva idea. En definitiva, este tipo de pensamiento suele llevar a generar nuevas ideas, incluso si no las estábamos buscando conscientemente.

– Pensamiento de desarrollo. Se da en aquellas circunstancias en las que vislumbramos cuál es la solución a un problema y seguimos el camino hacia dicha solución. Es el trabajo mental que lleva a ir puliendo cada vez más la respuesta que hemos imaginado previamente, expandiendo algunas opciones y cerrando otras. Es el tipo de pensamiento que generamos cuando estamos resolviendo un rompecabezas o incluso cuando escribimos una historia de la que previamente hemos imaginado los componentes esenciales.

Un proceso creativo deberá contar con personas motivadas, iniciarse con cierto pensamiento evocador, que permita recuperar experiencias pasadas y mezclarlas con nuevas observaciones e informaciones, evitar el pensamiento obsesivo y, finalmente, concluir con el pensamiento de desarrollo que vaya perfeccionando las ideas imaginadas.

Recientemente leía un artículo de Jonah Lehrer aparecido en The New Yorker el 30 de enero del presente 2012 donde hablaba del brainstorming y venía a decir que la técnica popularizada por Alex Osborn, no funciona. Para soportar esta afirmación, el autor aporta pruebas como la llevada a cabo en la Universidad de Yale en 1958. En el experimento de Yale, 48 estudiantes fueron divididos en 12 grupos, con el objetivo de resolver algunos acertijos creativos. Mientras, otros 48 estudiantes los resolvieron de forma individual. El resultado fue que las personas que trabajaron en solitario consiguieron más y mejores soluciones. Muchos estudios posteriores confirman los resultados del experimento de Yale. También desde mi propia experiencia con decenas de grupos creativos, el brainstorming, de forma aislada y por sí solo, no es una buena técnica para generar soluciones. Esto puede tener relación con los tipos de pensamiento.

El brainstorming resulta menos efectivo que otras técnicas cuando estamos ante procesos donde prevalece el pensamiento de desarrollo. En el pensamiento de desarrollo ya se vislumbra cuál puede ser la solución final y es necesario “tirar del hilo” hasta llegar a dicha solución. En ese proceso, la interacción de varias personas en un formato de brainstorming no tiene porque ser más eficiente.

Por lo que he observado trabajando en sesiones de creatividad con grupos, el brainstorming funciona mejor para detectar oportunidades que para hallar soluciones directas. Es preferible como alimento para el pensamiento libre que como canalizador del pensamiento de desarrollo.

En este sentido, el del brainstorming como generador de insumos para el pensamiento libre, es importante multiplicar el número de aportes diferentes que cada participante proporcione en la sesión. Para esto puede ser muy conveniente realizar de forma previa trabajos individuales de visualización (de la vida diaria, de situaciones en el trabajo, de circustancias de terceras personas) que puedan llevar a detectar oportunidades de mejora. Desde este punto de vista, el brainstorming será más valioso cuanto más se respete la regla de Osborn, que prime la cantidad sobre la calidad, porque no se están buscando soluciones definitivas, sólo insumos para poder tener más conceptos que conectar. Cuanto más, mejor.

En esta misma línea, si el brainstorming sirve como alimento y catalizador para el pensamiento libre, siempre será bueno complementarlo con cierto reposo de las ideas para que en los estados de relajación la mente pueda dar lugar a nuevas alternativas.

En definitiva, la interacción de las personas es algo totalmente necesario. Podemos afirmar que las técnicas como el torbellino o lluvia de ideas sí son validas, aunque es cierto que pueden ser más efectivas como estimuladoras de la imaginación, que como facilitadoras de soluciones directas. El brainstorming sí funciona, sólo hay que saber cuándo y cómo aplicarlo, además de complementarlo con otros tipos de técnicas, dinámicas y procesos.

Eduardo Albalá Ubiergo

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